Como ya será de conocimiento de algunos de los socios, hace unos días atrás se concretó el corte de nuestro histórico palto ubicado en el patio trasero de la sede del Club. Esta decisión fue tomada por el directorio, después de ocurrido un pequeño accidente de un socio durante una práctica en el boulder, el que afortunadamente no tuvo consecuencias que lamentar.
Haciendo un poco de historia
Cuando se compró la casa de calle Arrayán para la sede del club en el año 1971, ya existía el palto desarrollado en su forma adulta en el patio de ella, por lo que a la fecha se estima que por lo menos éste tenía unos 56 años, si consideramos que le tomó unos 10 años en alcanzar su estado adulto. Durante éste tiempo cumplió como árbol frutal y urbano una serie de funciones ambientales benéficas para su entorno y para los socios del club, entre las que destacamos y recordamos su producción de “paltas chilenas” que algunos de los socios tuvieron el privilegio de saborear, además de proveer sombra para el patio y luego para el boulder, servir de hábitats para pájaros e insectos polinizadores, y otorgar belleza escénica al lugar, entre muchos otros beneficios.
Con la llegada del Boulder en el año 2012 se comienza a discutir, por motivos de seguridad, la compatibilidad de la existencia del palto y la práctica de la escalada en el lugar, la que se trató de compatibilizar poniendo protecciones entorno al árbol, y realizando la practica con cuidados especiales.
A fines del año 2014, y después de una nueva discusión sobre la eventual afectación al palto, se decide poner una tela tensionada como cobertura de techo para evitar que las lluvias alcancen las colchonetas y el boulder, para lo cual fue necesario hacer una poda en el árbol que comprometió a parte de las ramas de su copa. Posteriormente se construye un techo sólido, con estructura metálica y de policarbonato, que sólo deja una pequeña abertura para la proyección del árbol hacia el exterior. Todo esto llevo a que paulatinamente el palto perdiera vigor por falta de aporte de aguas lluvias y riego, degradándose lentamente.
Al momento de proceder con la corta del palto, hace unos días atrás, se pudo observar que el árbol presentaba un deficiente estado fitosanitario, con ramas muertas, un escaso desarrollo de su copa y un debilitado vigor de su estructura, lo que es muy probable que lo llevara en un plazo no muy lejano a su muerte.
Sobre la especie cortada
El palto (Persea americana) es un árbol nativo mesoamericano, encontrado en Méjico, y en Colombia a Perú a la llegada de los españoles. Según Garcilazo de La Vega (1605), este apelativo de lengua Quechua (palta) provendría de la provincia de Palta en el Ecuador, desde donde los Incas la llevaron al Cuzco.
Según Hodgson (1959) la palta fue introducida a Chile, por los españoles, presumiblemente a comienzos del siglo XVII, desde las costas del Perú. Según Gardiazabal (2001), “Parece que existía la creencia que sólo las paltas verdes eran originarias del Perú y las negras habrían aparecido “espontáneamente” en Peumo, o en el Valle del Maipo, como sostiene el Dr. R. A. Philippi “Muchas personas me han asegurado que la palta negra era espontánea en el Valle del Maipo lo que me parece muy dudoso, lo cierto es que crece bastante bien al aire libre y que las heladas de las citadas provincias de Aconcagua y Santiago no le hacen mucho daño, mientras se cree generalmente, que la palta del Perú de fruto verde, no resiste nuestros inviernos”.
Sobre la Compensación
El Directorio ha decido plantear como compensación ambiental por la corta del palto, una acción de forestación de 15 árboles nativos (Cipreses de La Cordillera) en los terrenos del Refugio Lo Valdés. Esta actividad se llevará a cabo el domingo 15 de octubre, y se plantea como una actividad de educación ambiental para los socios y sus familias, en la que plantaremos 15 árboles nativos propios del lugar. Todos los detalles serán informados oportunamente.
Respecto de la especie del número de árboles a compensar, se ha tomado la decisión considerando que no existe normativa ni indicaciones de referencia sobre cómo y por cuánto compensar la corta de un árbol urbano, sin embargo el criterio aplicado por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), y por CONAF, cuando existen cortas de árboles nativos aislados en ecosistemas naturales de áreas rurales, que es forestar 10 árboles por cada uno cortado (1:10), nos sirve de referencia para plantear un número “ad hoc”.
Visto desde el punto de vista del rol de secuestro de carbono (CO2) que ejercen los árboles, en que se estima que un árbol adulto es capaz de captar los 150 kg anuales promedio de CO2, el palto en su vida estimada de 56 años captó un total de 8,4 ton de carbono. Si asumimos el criterio de plantar 15 árboles, igualaremos la cantidad de carbono secuestrada por el palto al cabo 5,6 años (considerando que de los 15 árboles plantados tendremos 10 sobrevivientes). De ese momento en adelante se aportará en promedio (referencial) con la captura de 1,5 ton/año de CO2 por parte de los Cipreses.
Sobre la especie seleccionada
El Ciprés de la Cordillera o Lahuán (Austrocedrus chilensis), que es una especie que se desarrolla hasta los 2000 msnm apróx., se considera amenazada para su conservación. La localidad de Lo Valdés, en el Cajón del Maipo, se encuentra dentro del ámbito latitudinal de distribución biogeográfica, y dentro del rango altitudinal de esta especie.
Finalmente, queremos manifestar que nuestra intención al realizar esta compensación es transformar la pérdida de nuestro palto en una oportunidad para aportar a la conservación de una especie nativa casi desaparecida del área de su distribución natural.